Extraigo un párrafo del libro:
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«La reproducción no puede reducirse a una orden proveniente de un amo ausente o de sus mediadores omnipotentes. Debe ser el fruto del amor cultivado entre mujer y hombre. De no ser así, es degradación de la tarea espiritual de la humanidad y, en particular, sometimiento de la mujer a su destino natural para garantizar una cultura parcial, injusta y abstracta, del género humano dominado por un masculino que no se reconoce como género singular (…) Son los hijos de una pareja lo bastante espiritual para compartir su tesoro subjetivo y objetivo, natural y cultural, con un tercero. Son niños anunciados en el amor y esperados. Son hijos e hijas que encuentran cuerpos espirituales, al tiempo que permanecen carnalmente vivos y felices, para recibirlos, acunarlos, nutrirlos, amarlos, hablarles. Son hijos de la palabra de los padres tanto como de su carne, ya que la cultura de la sexualidad de los amantes pasa por su palabra, aunque sea gesto silencioso. Para tales niños, el cuerpo, la casa, la ciudad, son sitios habitables. Los lugares se intercambian sin imperativos. Cuerpo, casa y ciudad son una obra común construida por hombres y mujeres para el presente y el futuro, y en el respeto a los antepasados. Aquí la objetividad del amor ya no es solamente el hijo o los bienes familiares o colectivos, sino el mundo natural y cultural engendrado por mujeres y hombres en un momento de la Historia.
Esta es la tarea que nos propongo, la felicidad que nos deseo, a todas y todos. Para hoy y mañana. Para nuestros amores, para el orden político a que pertenecemos, para la naturaleza y el universo por entero. El amor entre nosotros, mujeres y hombres de este mundo, es lo que aún y siempre puede salvarnos.
A nosotros corresponde ser compañeras y compañeros que se desposan, se alían, en lugar de separarse, de ser desgarrados entre las genealogías, las culturas, los sexos. A nosotros corresponde hacer de ese nombre la designación de una relación amorosa que pasa de lo más privado de nuestras vidas a una ética política que rehúsa sacrificar el deseo a la muerte, al poder, al dinero.»
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Fuente: Crítica del pensamiento amoroso. Mari Luz Esteban. 2011. Ediciones Bellaterra.
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