
En la obra Bread bed, Sterbak juega con la contradicción entre lo que nos resulta familiar y lo que nos provoca rechazo. El pan es alimento, nutrición, algo básico para vivir y la cama es un objeto muy humano que asociamos al descanso, al amor, al nacimiento, a la enfermedad y la muerte. Al juntar ambos elementos, la obra crea una tensión poderosa entre lo que nos alimenta y lo que nos sostiene y esto obliga a replantearnos qué consideramos cómodo y qué nos resulta desagradable o inquietante. Ver pan sobre una cama nos resulta extrañamente familiar, pero a la vez inesperado y sorpresivo.
La propia Sterbak ha explicado que, para ella, el arte más interesante es el que mantiene esa tensión constante entre atraer y repeler al espectador, obligándolo a relacionarse con la obra.
Ella lo dice así:
“Creo que la atracción y la repulsión están presentes en las obras de arte más logradas. Si todo fuera repulsivo, nadie querría mirarlo; pero si todo fuera agradable, bonito y positivo, correría el riesgo de convertirse en simple decoración o sentimentalismo. Ese tira y afloja se parece mucho a la vida cotidiana. Lo mejor del arte es que puede mostrar ideas opuestas al mismo tiempo, no una detrás de otra, sino todas a la vez”.
Bread Bed encaja perfectamente en el interés de Sterbak por explorar temas como la fragilidad del cuerpo, la intimidad, la decadencia inevitable y la muerte a través de los objetos cotidianos y materiales perecederos. Además del pan, Sterbak ha utilizado en otras de sus obras carne y chocolate como materiales cargados de significados emocionales y simbólicos. A mí, además, me atrae mucho su mirada escéptica, su ironía y ese punto de humor negro que atraviesa toda su obra.
