¿Qué le pedimos al amor, a la carta de amor?
Le pedimos mucho. Al amor le pedimos una respuesta por eso escribimos, la escritura amorosa es una demanda de respuesta, del otro para completar la figura, la circunferencia que nos diga quién somos, le pedimos que nos dé lo que no tenemos, una certeza de nosotros mismos. Y que nos dé una imagen buena. Pedimos que nos complete. En ese sentido el amor no cesa de escribirse, relanzar la pregunta, la demanda de respuesta.
Lo primero que certifica una carta de amor es que el otro no está, o está ausente. La carta de amor permite que los amantes se encuentren en el texto, que el encuentro se de en el texto. ¿Por eso como hemos dicho antes la carta pertenece a uno y a otro?. Se da un enlace con el otro pero a distancia. La carta de amor es un instrumento, una estrategia de mantener a distancia al otro y al mismo tiempo permitir el encuentro. Una demanda de amor, decir “aquí estoy” en la presencia y en la ausencia.
“Para hacerse palabra, el amor requiere una distancia, una ausencia: la felicidad no se cuenta, se vive; el deseo puede decirse”.
En la carta se unen dos tiempos reales, el de la escritura y el de la espera de la respuesta, sostieniendo el encuentro. La escritura sostiene el vacío necesario para que el deseo se reavive. Tejer el lazo de palabra entre dos.
La carta de amor es una declaración de amor, repetida, necesaria que hace que el azar, la contingencia del amor se fije, “las palabras hacen que el azar quede fijado” (Badiou). Las palabras declaradas transforman el azar en destino.
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