– Las mujeres son cariñosas y los hombres solitarios.
– Entonces, ¿por qué están siempre juntos?
– Porque se roban mutuamente la soledad y el amor.
Jean-Luc Godard, Nueva ola
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Traigo aquí unas reflexiones de Roland Barthes que aparecen en su libro famoso “Fragmentos de un discurso amoroso” publicado en el año 77. Se preguntaba sobre la actualidad de su libro, “el discurso amoroso no estaba de moda” , “el discurso amoroso es de una extrema soledad”:
“El sujeto que se entregaba al amor-pasión o que era poseído por él era alguien que se sentía profundamente solo en el mundo actual, por una razón histórica, es que el mundo actual vive mal el amor-pasión, lo reconoce mal. El amor-pasión forma parte de una cierta cultura, la cultura popular, está banalizado en lo popular, en el consumo, en las películas, canciones, etc. pero no está a la orden del día en la reflexión teórica, en los combates de la inteligencia”
¿Algo ha cambiado? ¿Estamos en un momento interesante y fecundo en cuanto a la revisión del discurso el amor?
Desde los tiempos de Barthes hasta nuestros días, el amor, los afectos, las emociones han suscitado gran interés y numerosos han sido los libros y estudios sobre la vida cotidiana, la historia de los afectos, de las mujeres, del cuerpo, de los cuidados del cuerpo, de la sexualidad, de las identidades sexuales, etc. Existe una extensa bibliografía sobre el amor, desde la antropología, la filosofía, la neurociencias, el psicoanálisis, el feminismo, sociología.
Al mismo tiempo se hace sentir una cierta dificultad, de ello se hace eco la literatura, el cine. Se multiplican los clichés sobre el amor ya establecidos en la literatura. Nuestra época recicla clichés de manera mecánica e irónica (posmoderna): no se cree ni en las soluciones viejas, ni en las actuales ni en una solución nueva. La ironía es síntoma de que no se cree más en las historias de amor. El resultado: la ironía o la cita, o la combinación de ambas. O cierta sospecha sobre el amor.
El amor asfixiado detrás del erotismo, la sexualidad, la pornografía, la publicidad, el cuidado del cuerpo, el consumo mediático.
Mi propia obra ha participado de ello. En mi obra anterior sobre todo la relacionada con los urinarios, utilizaba y citaba a Duchamp de manera irónica: Rostro amor mío, La Educación sentimental, La bella y la bestia.
En la serie Bestiario de amor me centraba en las disfunciones sociales y culturales que aquejan a esa construcción que llamamos feminidad. En referencia al Bestiario de amor Juan Vicente Aliaga escribía lo siguiente en el catálogo que se editó con motivo de la exposición:
“…una suerte de imágenes que bien pudieran ser propiciatorias de ese símbolo de la armonía humana que se ha dado en llamar amor, y que algunos consideran más bien un pesado lastre, como la feminista Anna G. Jónasdóttir, que lo asimila a un concepto explotable por el poder patriarcal.
“La mujer necesita amar y ser amada para habilitarse socio-existencialmente, para ser persona. Pero no tiene un control efectivo sobre cómo o de qué forma puede usar legítmamente su capacidad: carece de autoridad para determinar las condiciones del amor en la sociedad y cómo deben ser sus productos”.
De lo cual se puede colegir, que la concepción del amor predominante en nuestra sociedad, deudora de efluvios románticos todavia no disipados, puede ser una atadura para las mujeres …”
¿Las trampas del amor? ¿amor antirromántico? El antiamor también se convierte en un modo rabioso de amor.
En este sentido se puede hablar de las declinaciones del amor en el sentido de caída, declive o decandencia del amor. Ironía, sospecha, “no tomarse el amor en serio”. Quitarle gravedad, tomarse en broma, por un rato. Se podría tratar de revelar el lado cómico del amor, el amor como comedia.
Nuestra época tiene dificultar para inventar nuevas figuras del amor. Para mi este es un contexto contemporáneo para pensar las cartas de amor. Os invito a que penséis vuestros contextos particulares y conocer en qué arenas movedizas nos movemos.
Pero las paradojas del amor están ahí, nos sale al paso. Uno cree sortearlas y es cuando más de lleno uno tropieza, cae y nos mezclamos con sus dificultades. Existe una película titulada “Una relación pornográfica” en donde se espera una historia centrada en el sexo y para sorpresa de los protagonistas se llega al amor.
En el encuentro entre un hombre y una mujer, o de manera genérica entre un uno y otro, nada está escrito por anticipado, no hay brújula, no hay relación preestablecida. El encuentro no está programado, como en los genes. Los hombres y las mujeres viven en un mundo de discurso.
Las modalidades del amor son ultrasensibles a la cultura ambiente. Cada civilización se distingue por el modo en que estructura su relación entre los sexos. En nuestras sociedades liberales, mercantiles y jurídicas, lo “múltiple” sustituye o destrona a lo “uno”. El modelo ideal del amor para toda la vida cede al “speed dating”, a la cita rápida, cita a ciegas y toda una profusión de escenarios amorosos alternativos, sucesivos o simultáneos.
Actualmente esteriotipos socioculturales de la feminidad y de la masculinidad están en plena mutación. Se da el intercambio de roles, una gran inestabilidad de los roles. Existe una fluidez generalizada del teatro del amor. El amor se vuelve líquido (Bauman).
Los enamorados están condenados a aprender indefinidamente la lengua del otro, a tientas, buscando las claves siempre revocables. El amor es un laberinto de malentendidos cuya salida no existe. Aquí seguimos las opiniones de Jacques-Alain Miller. Malentendidos que se repiten, se hablan, se escriben, y se vuelven a escribir, indefinidamente, se relazan constantemente. ¿Y no es esto justamente lo que hace los placeres y las delicias del amor? ¿No es esto el amor? Y desde luego esto no impide o no hace disminuir el interés de un sexo por el otro, de un sujeto por su amante.
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